miércoles, 18 de marzo de 2015

GALICIA, UN NUEVO RETO





Después de siete largos años de una de las más profundas crisis económicas de las que tenemos constancia, Galicia se encuentra hoy en una situación envidiable para salir de ella fortalecida. El esfuerzo y sacrificio de las familias y de las pequeñas y medianas empresas han permitido construir las bases para el inicio de una recuperación económica que, con más lentitud de la deseada, parece que finalmente podrá llegar a ser una realidad.

Durante este largo periodo hemos sido protagonistas de un profundo cambio de paradigma que ha afectado a muchas de las estructuras que conocíamos, situándonos ante un escenario totalmente nuevo que debemos gestionar. Pero este cambio de modelo ha sido sin duda menos profundo de lo que cabría esperar y hemos dejado pendientes importantes reformas. La sensación es que solo el sector privado ha acometido y sufrido modificaciones. A pesar de ello, Galicia se encuentra ante una oportunidad que no puede desperdiciar.

A este sentir general parece que son ajenas ciertas instituciones que están llamadas a liderar el objetivo común de que Galicia por fin ocupe el lugar que le corresponde y que de una vez por todas sea capaz de influir en las decisiones del Estado y de esa manera en Europa. Con perplejidad vemos cómo organizaciones que deberían ser ejemplo de cohesión, llamadas a aunar esfuerzos y a diseñar un nuevo marco de relación que evite situaciones como las sufridas y que capitalicen el esfuerzo colectivo de los últimos años, dan un lamentable espectáculo por la defensa de lo que parecen intereses particulares, alejándose de la vocación de servicio y de la defensa de los intereses colectivos que les deberían ocupar.

Las oportunidades son escasas. A lo largo de nuestra historia hemos visto cómo los gallegos las hemos dejado pasar. Ahora nos encontramos con un nuevo momento histórico en el que nuestra herencia, nuestros valores, la capacidad de sacrifico de nuestras gentes, su capacidad de adaptación, y sus ansias por superar las dificultades nos sitúan con una leve ventaja que nos puede permitir liderar una recuperación y salir fortalecidos colectivamente, creando un futuro esperanzador para todos los sectores de nuestra sociedad. Son momentos en los que debemos trabajar con generosidad, pensando en el bien común y aprovechando las oportunidades, y las capacidades de todos. El esfuerzo individual no nos permitirá llegar a ninguna parte. Para tener éxito debemos trabajar juntos por el interés común, que es la mejor forma de obtener éxito individual. Las instituciones que nos representan deben trabajar unidas y coordinadas con un único interés, Galicia. Cada una tiene su misión, pero la visión debe ser global, alejada de personalismos y orientada al servicio de la sociedad y al bienestar común.

Después de años de renuncia, de concesiones de toda la población, debemos desterrar de nuestro entorno actuaciones indignas, prácticas inadecuadas, y exigir a nuestros representantes los más altos valores y ejemplaridad.  La crisis ha realizado una profunda selección, dejando a los mejores. Nuestro tejido empresarial se ha revelado como productivo y altamente competitivo, habiendo resistido mejor que el de otros lugares. Ese buen hacer se debe capitalizar para volver otra vez a la senda del crecimiento. Los empresarios, sus trabajadores, la sociedad gallega no puede estar desconcertada y perder su ilusión por ser testigo de situaciones difícilmente explicables en aquellas instituciones que los representan. Nuestros representantes tienen la obligación de entenderse y crear el clima necesario para que nuestra economía vuelva a crecer. Sus esfuerzos no deben desperdiciarse por intereses particulares. Juntos deben luchar por los intereses de Galicia, de los gallegos, de nuestras empresas, buscando ubicar a Galicia en el lugar que le corresponde dentro de los intereses del Estado y con peso en las decisiones de Europa.
Son muchos los sectores en los que Galicia tiene mucho que decir, sectores que están en una situación idónea para que sus empresas puedan liderar el crecimiento no solo en Galicia, sino también en el resto España. Esa es la mejor manera de mejorar la calidad de vida de todos los que habitan en esta privilegiada tierra. Nuestros hijos difícilmente nos perdonarán volver a perder una oportunidad como ésta que tenemos todos los gallegos.

Por todo ello, debemos hacer un llamamiento a la cordura y a la responsabilidad de aquellos que por su propia decisión lideran nuestras instituciones.