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sábado, 3 de marzo de 2012

CEE


Ramón Vigo arropado por vecinos y familiares a su salida del juzgado de Corcubión/ÓSCAR CORRAL

CEE es un una villa Gallega que durante los últimos años estuvo gobernada por el independiente Ramón Vigo. La gestión de este alcalde y su corporación siempre fue muy discutida, habiéndose incluso presentado a las últimas elecciones como imputado en un caso de corrupción. Pero lo cierto es que mantuvo el sillón consistorial al ser la suya la candidatura más votada por sus vecinos en los últimos comicios municipales.

En las últimas elecciones, donde este alcalde consiguió su reelección como independiente, se presentaron otras formaciones políticas con principios e ideas distintos pero con programas de gobierno con puntos coincidentes. Pasado el tiempo,  los casos de denuncias por corrupción se le acumulan a este regidor, al igual que sus incumplimientos electorales, aderezados además con su falta de capacidad para llegar a acuerdos en materias con posicionamientos teóricamente comunes con el resto de fuerzas políticas representadas en el ayuntamiento.

A decir de sus vecinos, CEE, desde que asumió su liderazgo el Sr. Vigo, fue perdiendo su tradicional preponderancia en su comarca, generando, éste y los otros asuntos comentados, el descontento de los vecinos que ven como su calidad de vida se deteriora por la gestión de su alcalde, más allá del deterioro que sufren todos los municipios Españoles por la crisis económica que padece nuestro país.

Esta situación ha llevado a que concejales en la oposición de dos formaciones políticas distintas busquen puntos de encuentro, pensando en  mejorar la calidad de vida de los vecinos que los eligieron, terminando con los desmanes del alcalde actual, y garantizando el cumplimiento de los acuerdos pactados, por lo que han presentado de forma conjunta una moción de cesura.

Hasta aquí todo normal y con cierta lógica y nada diferente a lo que sucede en otros muchos ayuntamientos Españoles, en donde sus regidores dejan mucho que desear, pero que entre los concejales existen personas que aún piensan en el bien común y esto lo hacen más allá de sus posicionamientos políticos y de sus intereses personales.

Lo alarmante de este asunto es que una vez terminada la moción de censura y la elección de la nueva alcaldesa, militante del PP, con los apoyos de los concejales del BNG, sale a la "palestra" D. Guillerme Vázquez, Portavoz nacional del BNG,  que sin tener en cuenta las legitimas motivaciones de los concejales de su formación en CEE y sin explicarnos su posicionamiento sobre las mismas, dice que el BNG no puede ser comparsa del PP, aunque sí parece que, prácticamente desde sus orígenes, lo es y  lo ha sido del PSOE, y que nunca consentirá que se apoye a un gobierno del PP. Por ello echa de su formación a los concejales que, lejos de posicionamientos políticos tan profundos con los que el Sr. Vázquez expresaba ,simplemente actuaban por el interés general de sus electores y vecinos.

Después de oír las declaraciones de Guillerme Vázquez, entiendo los motivos por los que el Bloque Nacionalista Gallego está en pleno proceso de desintegración. Además, me reafirmo en la necesidad de un cambio normativo que regule la responsabilidad de los partidos políticos y sus representantes sobre sus promesas electorales y sobre el resultado de su gestión. Espero y deseo que, de una vez por todas, esos que dicen actuar por el interés común dejen de engañarnos y se dediquen a prestar el servicio social para el que libremente se han presentado a unas elecciones.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA


Estamos ante una situación que empieza a ser preocupante y que posiblemente requiera de una reforma profunda que evite los problemas que nos generan las dificultades que el sistema pone a la participación de la ciudadanía. La actual situación fue válida hasta el momento pero ahora parece que necesitamos una regeneración.

Los españoles nos acercamos a las urnas periódicamente para elegir a nuestros representantes y, aunque votamos listas numerosas, se da la paradoja que no elegimos personas, que elegimos siglas. Nuestra posibilidad de influir es prácticamente nula. Acudimos a votar normalmente con un profundo desconocimiento sobre la capacidad de aquellos que se presentan y con una información deficiente de sus programas de gobierno. Programas que normalmente terminan siendo simples promesas electorales incumplidas.

Esta situación hace que los españoles hayamos evolucionado poco desde los inicios de la democracia. Aquellos electores que lejos de posicionamientos previos, votan por aquellas opciones que consideran que son las que mejor pueden solucionar los problemas existentes, siguen siendo una minoría. Por otra parte, como ya he dicho, se trata además de una minoría mal informada y a la que los elegibles no les facilitan las cosas.

Cierto es que, cada vez más, las organizaciones políticas utilizan las nuevas tecnologías para informar, aunque la palabra correcta sería aleccionar, ya que todas sus actuaciones son dirigidas a sus correligionarios. Desde los mítines hasta los mensajes en las redes sociales.

Parece que la única manera de participar es integrarse en una de las organizaciones políticas, pero esto es otro grave error. Aquel que se afilie, iniciará un angosto camino para intentar participar; seguro que durante los procesos electorales contarán con él para que acuda como palmero a los mítines y recorra las calles colocando carteles, para finalmente acudir a las mesas electorales en calidad de interventor o de apoderado. Pasadas esas fechas, nada. Probablemente se encontrará que el amable y simpático candidato o candidata ahora ni siquiera se acordará de él. En caso de saludarle, el saludo se realizará de una forma mecánica y distante. Aquellos que por sus relaciones consigan entrar en alguna lista se encontrarán que no tienen más voz que la de su partido, ni más voto que el que su líder le indica. Todo su servicio social y su aportación a la circunscripción que lo ha elegido se reducirá a hacer lo que le manden.

Cierto es que los partidos tienen sistemas internos, en donde, según trasciende, se generan sus ideas y se eligen a sus candidatos y dirigentes, los llamados congresos. Pero aquí tampoco funciona la democracia. De conseguir ser compromisario para poder acudir a uno de esos congresos, él mismo se auto limita en sus aportaciones y comentarios, ya que debe ser políticamente correcto y complaciente con sus actuales “lideres”, si no quiere que su “carrera política” termine antes de empezar cayendo en el ostracismo.

Además todo está aderezado por los medios de comunicación, los cuales toman parte y, en lo que ha política se refiere, más que informar opinan, distorsionando en muchos casos las noticias e incluso generando polémicas en donde no las hay, pero sobre todo creando artificialmente corrientes de opinión.

Esto resulta terriblemente peligroso, sobre todo si pensamos que una vez que el político es elegido se aleja de la realidad, aislándose en actos y compañías que lo adulan y lo dirigen hacia sus propios intereses. Informándose de los problemas sociales en una prensa parcial y que opina,  dejándose influir por tertulianos poco documentados que saben de todo y se alinean no se sabe bajo que intereses.

Todo esto hace que aquel que tiene interés en participar y mejorar la sociedad en que vive, aquel que tiene vocación de servicio, deba iniciar su relación con la política desde muy pronto para generar las relaciones que le permitan llegar a aquellos puestos en los que pueda influir, privándose de la oportunidad de formase y ganar en la experiencia que le ayudaría a ser un buen dirigente. Esa relación, con el ambiente antes descrito, y sus propias ganas de llegar, harán que sus principios se corrompan y colabore en la perpetuación del sistema.

En definitiva lo que tenemos es un sistema democrático que consiste en acercarnos a las urnas periódicamente, votando no sabemos muy bien a quién ni para qué, para finalmente tener dirigentes dudosamente capaces y normalmente poco preparados. Dirigentes que conforman sus equipos en lo poco que conocen y que solo buscan perpetuar su situación porque de lo contrario difícilmente podrán dedicarse a otra cosa distinta que a ser funcionarios, que son los que realmente pueden compaginar su profesión con una carrera política.

Por todo ello necesitamos una profunda reforma, una amplia regeneración de nuestra democracia. Necesitamos un sistema mucho más participativo, en dónde conozcamos a los candidatos y sus propuestas, en dónde los elegidos puedan opinar y tengan responsabilidades sobre su gestión y en un sistema en el que las cámaras estén formadas por un número de personas representativo de los votos obtenidos y no que los votos de unos valgan más que los de los otros. Pero sobre todo debemos crear un sistema en donde la voz de todos pueda oírse. Permitiendo además que en cualquier momento, de una forma sencilla, se puedan debatir y valorar las propuestas de la sociedad civil.