sábado, 3 de marzo de 2012

CEE


Ramón Vigo arropado por vecinos y familiares a su salida del juzgado de Corcubión/ÓSCAR CORRAL

CEE es un una villa Gallega que durante los últimos años estuvo gobernada por el independiente Ramón Vigo. La gestión de este alcalde y su corporación siempre fue muy discutida, habiéndose incluso presentado a las últimas elecciones como imputado en un caso de corrupción. Pero lo cierto es que mantuvo el sillón consistorial al ser la suya la candidatura más votada por sus vecinos en los últimos comicios municipales.

En las últimas elecciones, donde este alcalde consiguió su reelección como independiente, se presentaron otras formaciones políticas con principios e ideas distintos pero con programas de gobierno con puntos coincidentes. Pasado el tiempo,  los casos de denuncias por corrupción se le acumulan a este regidor, al igual que sus incumplimientos electorales, aderezados además con su falta de capacidad para llegar a acuerdos en materias con posicionamientos teóricamente comunes con el resto de fuerzas políticas representadas en el ayuntamiento.

A decir de sus vecinos, CEE, desde que asumió su liderazgo el Sr. Vigo, fue perdiendo su tradicional preponderancia en su comarca, generando, éste y los otros asuntos comentados, el descontento de los vecinos que ven como su calidad de vida se deteriora por la gestión de su alcalde, más allá del deterioro que sufren todos los municipios Españoles por la crisis económica que padece nuestro país.

Esta situación ha llevado a que concejales en la oposición de dos formaciones políticas distintas busquen puntos de encuentro, pensando en  mejorar la calidad de vida de los vecinos que los eligieron, terminando con los desmanes del alcalde actual, y garantizando el cumplimiento de los acuerdos pactados, por lo que han presentado de forma conjunta una moción de cesura.

Hasta aquí todo normal y con cierta lógica y nada diferente a lo que sucede en otros muchos ayuntamientos Españoles, en donde sus regidores dejan mucho que desear, pero que entre los concejales existen personas que aún piensan en el bien común y esto lo hacen más allá de sus posicionamientos políticos y de sus intereses personales.

Lo alarmante de este asunto es que una vez terminada la moción de censura y la elección de la nueva alcaldesa, militante del PP, con los apoyos de los concejales del BNG, sale a la "palestra" D. Guillerme Vázquez, Portavoz nacional del BNG,  que sin tener en cuenta las legitimas motivaciones de los concejales de su formación en CEE y sin explicarnos su posicionamiento sobre las mismas, dice que el BNG no puede ser comparsa del PP, aunque sí parece que, prácticamente desde sus orígenes, lo es y  lo ha sido del PSOE, y que nunca consentirá que se apoye a un gobierno del PP. Por ello echa de su formación a los concejales que, lejos de posicionamientos políticos tan profundos con los que el Sr. Vázquez expresaba ,simplemente actuaban por el interés general de sus electores y vecinos.

Después de oír las declaraciones de Guillerme Vázquez, entiendo los motivos por los que el Bloque Nacionalista Gallego está en pleno proceso de desintegración. Además, me reafirmo en la necesidad de un cambio normativo que regule la responsabilidad de los partidos políticos y sus representantes sobre sus promesas electorales y sobre el resultado de su gestión. Espero y deseo que, de una vez por todas, esos que dicen actuar por el interés común dejen de engañarnos y se dediquen a prestar el servicio social para el que libremente se han presentado a unas elecciones.


lunes, 27 de febrero de 2012

¡LO HAN HECHO OTRA VEZ!



Titulo programa electoral PP elecciones generales 2011
Después de los desencuentros y la falta de consenso entre patronal y sindicatos el gobierno finalmente se decide a  presentar un decreto de reforma laboral. Una vez más el gobierno de turno no se molestó en alcanzar un acuerdo previamente con los interlocutores sociales y presenta otra reforma laboral sin consenso y por lo tanto con una terrible oposición.

Desde el mismo día en que se hace pública la reforma, se alzan numerosas voces protestando por el contenido de la misma. Ciertamente muchas de las críticas y oposiciones a la Reforma Laboral son justificadas ya que realmente, por su contenido, no se entiende que es lo que se pretende conseguir con las medidas que implementa el nuevo decreto.

La situación que estamos viviendo y el continuado deterioro que sufre, hace que las medidas que se deben tomar sean duras y agresivas. Algo a lo que están dispuestos los ciudadanos. Pero esto es una cosa y otra muy distinta es basar las medidas de incentivación a la contratación, en una pérdida total y absoluta de derechos por parte de los trabajadores y en otorgar un poder cuasi absoluto a los empleadores sobre la relaciones laborales. 

En mi opinión, una ley de este tipo no incentivará la contratación. Cierto es que esto es obvio. Ninguna ley incentiva la contratación ni reduce el desempleo. Para conseguirlo se debe cambiar el ciclo económico y entrar en una senda de crecimiento. La legislación laboral sí puede ser determinante para reducir el ratio de crecimiento en el que el sistema es capaz de volver a crear empleo.

Dicho de otra forma, cuanto menor coste tenga y más flexible sea la resolución de los contratos de trabajo menor será el crecimiento necesario para la creación de empleo, aunque la duración de éste se volverá más sensible a las modificaciones del entorno introduciendo un mayor grado de volatilidad en la estabilidad laboral. Pero la nueva norma no llega a esos valores, manteniendo un coste que  no incentivará la contratación en crecimientos reducidos pero sí la inestabilidad laboral en escenarios como el que vivimos en donde la demanda de trabajo supera ampliamente la oferta, a la vez que se le otorga al empleador una amplia capacidad para modificar arbitrariamente las condiciones sustanciales de la relación laboral. Todo ello sin  olvidar que la falta de tutelaje administrativo, judicial o sindical generará un incremento de reclamaciones que judicializarán el sistema. Espero que no sea por esto por lo que se pretende que la justicia, hasta ahora gratuita, sea de pago.

Antes las innumerables voces críticas a la nueva reforma laboral, el gobierno argumenta simplemente que son tiempos duros en donde se deben tomar medias drásticas, sin mayor explicación de lo que pretenden conseguir con las modificaciones realizadas, que como ya  he dicho antes parecen muy alejadas del objetivo general de modernizar y flexibilizar el mercado laboral. 

Pero el principal argumento que ha utilizado recurrentemente, el presidente del gobierno y todos sus altavoces, es que  una gran mayoría de Españoles les respaldan y les han votado en las urnas para que hagan estas reformas. Esto es falaz. A la vista de esto lo que deberíamos pedir todos los Españoles es un marco regulatorio en donde los políticos tengan responsabilidad sobre sus promesas y sobre el resultado de sus gestiones.

El Partido Popular prometió en su programa electoral una Reforma Laboral. Una reforma laboral basada en la flexibilización de la negociación colectiva, la simplificación de la contratación,  la incentivación de la creación de nuevo empleo, la adecuación de la cotización, la desaparición del fraude y de las barreras para la aceptación del empleo, la conciliación de la vida familiar y laboral. Pero sobre todo en varias respuestas, a preguntas directas y por escrito, Mariano Rajoy dijo que pretendían una reforma laboral que "facilitase la contratación y no el despido". A la vista de lo promulgado y de las explicaciones que han dado, parece que nos encontramos ante otro flagrante engaño al electorado. Otro engaño que no tiene justificación a escasas semanas de su llegada al poder.



miércoles, 1 de febrero de 2012

COHERENCIA POLÍTICA


Cada vez que te asomas a las noticias te sorprendes. Por muchas reflexiones que hagas, por mucho que trates de comprender, los políticos no te dejan de sorprender. Es cierto que en el pasado viviendo, como hemos vivido, situaciones más favorables, “el todo vale” no contaba con la aceptación pero sí con el desinterés de todos.

La situación ha cambiado radicalmente y ahora hay demasiadas cosas, a las que están habituados nuestros “representantes electos”, que cuanto menos chirrían.

Hace escasos meses hemos tenido unas elecciones generales. Unas elecciones que se han desarrollado en medio de una de las peores crisis que hemos vivido. Durante la campaña los partidos tuvieron la oportunidad de presentar sus propuestas en forma de “programas electorales” 

El Partido Popular tuvo en esas elecciones el respaldo a sus candidaturas, y por lo tanto a su programa, obteniendo una amplia mayoría.

El partido popular no ocultó la multitud de reformas que pretendía y del estudio de su programa sale un amplio detalle de las mismas. Es cierto que las primeras medidas que han tomado, una vez constituido el nuevo gobierno, son totalmente contrarias a lo anunciado. A pesar de lo dicho, de lo repetido en múltiples foros, procedieron a subir los impuestos. Esta flagrante mentira, no solo a su electorado si no a todos los españoles, la han escusado en que la información que tenían no era la correcta y que las cosas estaban mucho peor de lo que imaginaban. Digan lo que digan, lo justifiquen como lo justifiquen, no es de recibo realizar propuestas y promesas electorales que se incumplen el primer día de ejercicio de las funciones a las que se presentan. Con total probabilidad muchos, con responsabilidades similares, utilizaríamos soluciones parecidas para aplacar los graves problemas de liquidez a los que apuntan las medidas tomadas:

- Aumento de la presión impositiva sobre el IRPF y por tanto caja inmediata por medio del incremento de las retenciones que se generan.
- Permisión, incluso yo diría invitación, a la Banca nacional a utilizar los fondos baratos solicitados al BCE para adquirir masivamente deuda publica en vez de, como sería deseable, destinarlos a la financiación de nuestro tejido empresarial.

Si como decía, este descarado engaño no se puede consentir y se debe criticar, no es menos cierto que no parece lógico que la oposición, que no ha conseguido respaldo a sus propuestas en las urnas, critique ahora la intención de realizar las reformas que el partido de gobierno anunció en su programa electoral, cuando ni siquiera se han puesto en práctica.

De la lectura de programa del Partido Popular se extrae su intención de realizar una profunda reforma financiera, necesaria para que nuestras entidades ganen credibilidad y sean capaces de dar  liquidez al sistema para reactivar la actividad; de abordar una amplia reforma del mercado laboral, que flexibilice las relaciones laborales y facilite la creación de empleo; de promover la necesaria reforma del sistema educativo evitando que dispongamos de 17 sistemas ineficaces diferentes y tengamos uno solo que sea capaz de crear ciudadanos más preparados y eficientes; de la imprescindible reforma de nuestro sistema judicial que consiga que obtengamos un sistema independiente, justo, ágil y que sea realmente útil, y de la esperada reforma de la organización del estado para que contemos con administraciones eficaces y eficientes que no solapen sus competencias y que sirvan a todos los españoles por igual.

La oposición debería de ser custodia de que estas reformas se llevasen a cabo y prepararse para realizar las aportaciones que crean importantes para mejorar la convivencia de todos. Sin embargo el objetivo que expresó en su día el difunto Manuel Fraga “seremos una oposición leal” nuca lo hemos alcanzado. Mayoritariamente hemos tenido y seguimos teniendo políticos a los que solo les importa el medio para conseguir el poder. En contadas ocasiones hemos podido ver a nuestros políticos en la oposición aportando ideas o simplemente actuando en positivo por el bien común. Sin embargo son habituales las críticas gratuitas e infundadas y las malas interpretaciones de las actuaciones del gobierno de turno, así como los mensajes engañosos.


Hoy más que nunca necesitamos que todos, los que han ganado las elecciones y los que no lo han hecho, actúen con un amplio y generoso sentido de estado, que ese sentimiento de servicio público del que tanto hablan se cristalice en una actuación desinteresada por el bien común.

No estoy diciendo que se renuncie a la labor de control al gobierno. No estoy diciendo que no se critiquen sus actuaciones, pero no tiene sentido que se critique y cuestione a alguien por hacer lo que ha dicho que haría. Lo razonable es esperar a que sus medidas se  pongan en práctica, proponer mejoras y valorar los resultados, e incluso cuestionar los errores de los planteamientos. Pero el no por el no, la crítica gratuita y partidista no parece que ayude nada más que a sumir al país y a los que lo habitamos en el desánimo, la preocupación y la falta de confianza. 

sábado, 28 de enero de 2012

REFORMA LABORAL




Sumidos como estamos en una de las mayores crisis que se ha vivido, cada nuevo acontecimiento, cada intervención de los actores sociales, políticos y económicos, evidencian que estamos ante un modelo agotado. Claramente necesitamos reinventar el sistema buscando la eficacia. Necesitamos una revolución tranquila que permita que los líderes vuelvan a ser eficaces.

A muchos un planteamiento como éste les asusta. El cambio no es algo que a todo el mundo le resulte fácil aceptar, sobre todo a aquellos que se han instalado en el mundo de prebendas que genera todo sistema. Los clásicos ya enunciaban como mejores formas de gobierno la constante y pausada transición de unas a otras. En la actualidad lo que debemos buscar es simplemente una redefinición de los poderes públicos, la forma de acceso a ellos y su funcionamiento.

Nos encontramos en un momento crucial en el que necesariamente, y a toda prisa, se han de implementar medidas y reformas que nos ayuden con inmediatez a ver la salida del oscuro túnel en el que nos encontramos. Una de éstas es la reforma laboral. Estamos ante la décimo octava reforma laboral de nuestra democracia y una vez más los llamados actores sociales no han sido capaces de llegar a un acuerdo. Fue en los Pactos de la Moncloa la primera y única vez en donde partidos políticos, asociaciones de empresarios y sindicatos alcanzaron un acuerdo para realizar una reforma laboral.

Claramente el momento actual necesita del concurso y el consenso de todos pero parece que algunos no se dan por enterados e insisten en la consecución de sus propios intereses. Cierto es que, probablemente presionados por el gobierno, alcanzan un acuerdo de mínimos restringido prácticamente a la revisión salarial.

En uno de los peores momentos, la asociación de empresarios aprovecha una vez más para tratar de obtener ventaja en una situación difícil para la sociedad, limitando un acuerdo en aras de conseguir sus viejas reivindicaciones: la reducción de las indemnizaciones por despido, la reducción de las vacaciones y la de las horas extras. No parece que ninguna de estas pretensiones puedan ayudarnos a salir de la situación actual, más bien todo lo contrario. En una situación como la que vivimos reducir las barreras del despido lo único que generaría es más desempleo­ y además es una medida que con la legislación actual no parece necesaria. Las continuas declaraciones sobre el cierre de empresas obligadas a atender indemnizaciones de 45 días son falaces ya que las leyes en vigor dejan abiertas alternativas, eso sí siempre y cuando sean debidamente justificados los motivos y necesidades de la reducción de empleos. Por otra parte, no parece que sea de gran ayuda reducir el coste laboral mediante la reducción de vacaciones o el coste de las extensiones de la jornada, no parece que esto ayude a la creación de empleo, principal objetivo, ni al incremento de la productividad.

En la otra parte de la mesa se sientan unos sindicatos cada vez menos representativos. Unos sindicatos que su primera prioridad es justificar y perpetuar su existencia. Por ello no admiten la descentralización de la negociación colectiva ni la simplificación de la contratación, insistiendo en una intermediación que se ha revelado como ineficaz en la generación de empleo y en la necesaria flexibilización que asegure la pervivencia de las empresas.

No obstante lo preocupante de la situación es el injustificado retraso del gobierno, desde sus pretensiones iniciales, en la promulgación de la necesaria Ley de reforma. Cierto es que el consenso de los interlocutores sociales es deseable para el buen fin de una reforma laboral, pero ante la falta de acuerdo, al menos de un acuerdo más amplio, se debería llamar, convocar  a asociaciones de empresarios y sindicatos y apelar a su responsabilidad social y sentido de estado para que avalen las propuestas del gobierno. Propuestas que por otra parte han sido expresadas por el partido del gobierno en su programa electoral. Propuestas aparentemente ausentes de egoístas intereses sectarios que parecen claramente adecuadas para revitalizar el empleo y flexibilizar las relaciones laborales. En ese momento proponían una reforma laboral basada en la flexibilización de la negociación colectiva, la simplificación de la contratación, la incentivación de la generación de nuevo empleo, la adecuación de la cotización, la desaparición del fraude y de las barreras a la aceptación del empleo, la conciliación de la vida familiar y laboral. Una reforma basada en estos principios y aderezada con medidas que faciliten la creación de nuevas empresas y el apoyo a la generación del autoempleo debería ser una de las llaves que abriesen la puerta de la esperanza a multitud de familias que viven en una difícil situación.

Tampoco debemos olvidar que la reforma del mercado de trabajo por si sola no es la solución. Además de facilitar e incentivar la contratación, se debe dinamizar la economía y facilitar e incentivar la creación de nuevas empresas, como ya he dicho antes.  Para ello parece que el primer paso debería ser la reforma del sistema financiero, pero también la contención y adecuado destino del gasto público lo que permitiría una menor contribución, y por tanto una liberación de renta que dinamizaría el consumo, incentivado por un incremento de la confianza, y como no una profunda reforma de la ley de educación que nos de como resultado una capacitación y competitividad mayor de nuestros ciudadanos.



domingo, 15 de enero de 2012

AGENCIAS DE CALIFICACIÓN


Desde la toma de posesión del nuevo gobierno, semana a semana nos han bombardeado con nuevas medidas; medidas que en muchos casos no figuraban en el programa electoral de las elecciones generales. Hasta el punto de que alguna Presidenta Autonómica las ha rechazado y ha manifestado su desacuerdo, amenazando con no aplicarlas en el territorio que gestiona.

Probablemente los españoles en nuestros años de democracia nos hemos acostumbrado a que las campañas electorales sean un mercado “persa”, en el que cada uno dice lo que se le ocurre para ganar nuestro voto, cuyo objetivo, una vez conseguido, es utilizarlo para hacer lo que les parece sin ningún tipo de responsabilidad, ni sobre lo que prometieron  primero, ni sobre el resultado de su gestión después. Prueba de esto es que después de haber dicho por activa y por pasiva que no nos subirían los impuestos, lo hacen y además incidiendo sobre las rentas del trabajo y por si fuera poco también fomentando la congelación de éstas. Pocas voces críticas se han levantado y las que lo hacen, lo  hacen de una forma tímida y seguramente avergonzados por el terrible desastre de su gestión.

Pero lo más preocupante de todo esto es que unas empresas privadas, tres empresas privadas, las denominadas empresas de calificación, aquellas que han sido responsables directas de la crisis de confianza que generó la actual crisis financiera, que ha dado origen a la situación actual, son las que, no se sabe con qué interés, desestabilizan una y otra vez países y mercados, con comentarios fuera de lugar y no dando, como en el caso actual de España, ni siquiera la oportunidad de que las medidas ya tomadas y que los planes, que todos deseamos tenga el actual gobierno, se lleven a cabo para valorar sus resultados.

Además, sorprendentemente, estas empresas funcionan de una forma aparentemente coordinada, arremetiendo una y otra vez contra los mismos objetivos, siempre en los momentos menos oportunos. En una situación de la que en buena parte son responsables, tanto por inacción como por el retraso de sus valoraciones en el pasado e incluso por sus continuos errores de análisis y criterio, los mercados se muestran temerosos y reaccionan ante cualquiera de sus comentarios. La actual es una situación de tremenda inestabilidad, un terreno abonado para las actuaciones de los especuladores, en el que estas agencias sueltan una y otra vez sus perlas, amenazando  la recuperación y estabilidad con total y absoluta impunidad, sin saber a qué intereses defienden, haciendo con sus valoraciones, avisos de revisión, y calificaciones que todo se desestabilice, y que las medidas tomadas, por muy adecuadas que resulten, lleguen a fracasar antes de ser puestas en práctica.

En el mundo de reformas al que nos estamos asomando, creo que debería acometerse una profunda revisión del mundo de las valoraciones y de las empresas de calificación. La situación actual no sirve a nadie. Los inversores a los que pretenden asesorar ya no dan valor a sus calificaciones, simplemente reaccionan cuando una de estas notas es negativa, bien por prudencia o para mejorar sus remuneraciones. Después de lo sucedido en el pasado reciente ya nadie hace caso de sus notas, simplemente como todo analista, se protegen o aprovechan de las señales de debilidad que con acierto o no identifican.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA


Estamos ante una situación que empieza a ser preocupante y que posiblemente requiera de una reforma profunda que evite los problemas que nos generan las dificultades que el sistema pone a la participación de la ciudadanía. La actual situación fue válida hasta el momento pero ahora parece que necesitamos una regeneración.

Los españoles nos acercamos a las urnas periódicamente para elegir a nuestros representantes y, aunque votamos listas numerosas, se da la paradoja que no elegimos personas, que elegimos siglas. Nuestra posibilidad de influir es prácticamente nula. Acudimos a votar normalmente con un profundo desconocimiento sobre la capacidad de aquellos que se presentan y con una información deficiente de sus programas de gobierno. Programas que normalmente terminan siendo simples promesas electorales incumplidas.

Esta situación hace que los españoles hayamos evolucionado poco desde los inicios de la democracia. Aquellos electores que lejos de posicionamientos previos, votan por aquellas opciones que consideran que son las que mejor pueden solucionar los problemas existentes, siguen siendo una minoría. Por otra parte, como ya he dicho, se trata además de una minoría mal informada y a la que los elegibles no les facilitan las cosas.

Cierto es que, cada vez más, las organizaciones políticas utilizan las nuevas tecnologías para informar, aunque la palabra correcta sería aleccionar, ya que todas sus actuaciones son dirigidas a sus correligionarios. Desde los mítines hasta los mensajes en las redes sociales.

Parece que la única manera de participar es integrarse en una de las organizaciones políticas, pero esto es otro grave error. Aquel que se afilie, iniciará un angosto camino para intentar participar; seguro que durante los procesos electorales contarán con él para que acuda como palmero a los mítines y recorra las calles colocando carteles, para finalmente acudir a las mesas electorales en calidad de interventor o de apoderado. Pasadas esas fechas, nada. Probablemente se encontrará que el amable y simpático candidato o candidata ahora ni siquiera se acordará de él. En caso de saludarle, el saludo se realizará de una forma mecánica y distante. Aquellos que por sus relaciones consigan entrar en alguna lista se encontrarán que no tienen más voz que la de su partido, ni más voto que el que su líder le indica. Todo su servicio social y su aportación a la circunscripción que lo ha elegido se reducirá a hacer lo que le manden.

Cierto es que los partidos tienen sistemas internos, en donde, según trasciende, se generan sus ideas y se eligen a sus candidatos y dirigentes, los llamados congresos. Pero aquí tampoco funciona la democracia. De conseguir ser compromisario para poder acudir a uno de esos congresos, él mismo se auto limita en sus aportaciones y comentarios, ya que debe ser políticamente correcto y complaciente con sus actuales “lideres”, si no quiere que su “carrera política” termine antes de empezar cayendo en el ostracismo.

Además todo está aderezado por los medios de comunicación, los cuales toman parte y, en lo que ha política se refiere, más que informar opinan, distorsionando en muchos casos las noticias e incluso generando polémicas en donde no las hay, pero sobre todo creando artificialmente corrientes de opinión.

Esto resulta terriblemente peligroso, sobre todo si pensamos que una vez que el político es elegido se aleja de la realidad, aislándose en actos y compañías que lo adulan y lo dirigen hacia sus propios intereses. Informándose de los problemas sociales en una prensa parcial y que opina,  dejándose influir por tertulianos poco documentados que saben de todo y se alinean no se sabe bajo que intereses.

Todo esto hace que aquel que tiene interés en participar y mejorar la sociedad en que vive, aquel que tiene vocación de servicio, deba iniciar su relación con la política desde muy pronto para generar las relaciones que le permitan llegar a aquellos puestos en los que pueda influir, privándose de la oportunidad de formase y ganar en la experiencia que le ayudaría a ser un buen dirigente. Esa relación, con el ambiente antes descrito, y sus propias ganas de llegar, harán que sus principios se corrompan y colabore en la perpetuación del sistema.

En definitiva lo que tenemos es un sistema democrático que consiste en acercarnos a las urnas periódicamente, votando no sabemos muy bien a quién ni para qué, para finalmente tener dirigentes dudosamente capaces y normalmente poco preparados. Dirigentes que conforman sus equipos en lo poco que conocen y que solo buscan perpetuar su situación porque de lo contrario difícilmente podrán dedicarse a otra cosa distinta que a ser funcionarios, que son los que realmente pueden compaginar su profesión con una carrera política.

Por todo ello necesitamos una profunda reforma, una amplia regeneración de nuestra democracia. Necesitamos un sistema mucho más participativo, en dónde conozcamos a los candidatos y sus propuestas, en dónde los elegidos puedan opinar y tengan responsabilidades sobre su gestión y en un sistema en el que las cámaras estén formadas por un número de personas representativo de los votos obtenidos y no que los votos de unos valgan más que los de los otros. Pero sobre todo debemos crear un sistema en donde la voz de todos pueda oírse. Permitiendo además que en cualquier momento, de una forma sencilla, se puedan debatir y valorar las propuestas de la sociedad civil.


domingo, 11 de diciembre de 2011

¿OTRA PROMESA INCUMPLIDA?


Actualmente se está trabajando en el borrador de lo que será el nuevo proyecto de ley  de Montes de Galicia. En él se propone prohibir, con carácter general, la circulación de vehículos a motor tanto por el monte como por pistas forestales fuera de la red oficial de carreteras. A esta prohibición habrá excepciones como cuando se trate de caminos que dan acceso a fincas o casas y también estará permitida la circulación de vehículos de extinción, de gestión forestal o de personas que cuenten con permiso de caza o pesca.

Este planteamiento es totalmente sorprendente sobre todo después de la carta remitida por el Partido Popular de Galicia, en plena campaña para las elecciones autonómicas, a la Asociación de Usuarios de Todo Terreno. Carta en la que se afirmaba que en la redacción de la regulación que ellos proponían se permitiría la circulación de vehículos todo terreno, con fines turísticos, por caminos forestales.

En plena campaña electoral D. José Manuel Álvarez Campana, secretario de organización del Partido Popular y persona que, desde su responsabilidad de Presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Partido Popular de Galicia, era perfectamente conocedor de la situación forestal de Galicia y de los planes que su partido, el actual partido de gobierno, tenía para el Monte Gallego. Reconoce y resalta las bonanzas de las rutas turísticas en Todo Terreno. El Sr. Álvarez Campana asevera que las rutas todo terreno es una actividad turística, de promoción y conservación de la naturaleza, de gran interés. Además asegura que la posibilidad de realizar rutas turísticas por caminos, disfrutando tranquilamente de paisajes y lugares, parando en los establecimientos turísticos, es una actividad que resulta perfectamente compatible con el modelo de desarrollo sostenible en el que ellos estaban trabajando.

Según el Secretario de Organización del Partido Popular, Sr. Álvarez Campana, esta actividad debe realizarse con libertad y responsabilidad, y no puede ser considerada como una actividad sospechosa de ser depredadora ni agresiva para la naturaleza y para los bienes públicos y privados, por que cuando, equivocadamente, se considera de esta forma se incorporan restricciones y limitaciones que perjudican el general y libre uso de los espacios públicos, precisamente lo que sucedería en el supuesto de aprobarse el actual borrador de la nueva ley de Montes de Galicia.

El Partido Popular prometía que realizarían todas las acciones necesarias, tanto normativas como administrativas, para evitar que existiesen limitaciones genéricas o específicas que pudiesen ocasionar trabas al normal disfrute de esta actividad. Esa libertad de uso debe estar incardinada en el uso social del monte y de los recursos naturales. Prometiendo, el Partido Popular de Galicia, todo su apoyo para que la actividad tuviese el reconocimiento institucional enunciando las líneas de actuación que, según el propio Sr. Álvarez Campana, se deberían seguir:

Primero: en las relaciones con los concellos, para que en los concellos en los que existan rutas todo terreno se desarrollen actividades de promoción y desarrollo de las mismas.

Segundo: que las actividades de rutas todo terreno se incorporen como actividad y modalidad turística a promocionar desde la administración.

Tercero: considerándola dentro de las colaboraciones sociales con el medio ambiente, facilitando aún más que los participantes en estas actividades tengan la condición de colaboradores en la protección y defensa del medio ambiente, en funciones de información, corrección y mejoras.

Difícilmente se puede añadir, a las enunciadas por el Partido Popular,  nuevas justificaciones al mantenimiento y defensa de la circulación de vehículos a motor, con fines turísticos, por los caminos de la comunidad de Galicia, así como tampoco al diseño del marco que la regule. Aparentemente ésta no ha sido más que otra, bien elaborada, promesa electoral que solo sirve para defraudar a una buena parte de la población y avanzar, en aquello que tanto criticó el Partido Popular desde la oposición, en la restricción de los derechos de los ciudadanos. Pasar de un manifiesto como el suscrito por  D. José Manuel Álvarez Campana, en nombre del Partido Popular de Galicia, a un borrador de proyecto de ley como el que se anuncia parece totalmente incoherente, por lo que de ser esto cierto, muchas deberán ser las explicaciones que tendrá que dar el presidente de la Xunta por incumplir flagrantemente esta promesa electoral. El Partido Popular aún está a tiempo de rectificar, de hacer una buena ley para todos, que nos permita conservar y disfrutar de nuestro entorno, y no de prohibir y limitar las libertades.